La tortura de ir al dentista.

Una de las cosas que más me molestan es definitivamente ir al dentista.

La salud actual de mi dentadura indica claramente que mi higiene durante mi temprana infancia fue muy mala. Desde que tengo uso de razón, recuerdo que ya iba al dentista (quizá desde mis tempranos 7 u 8 años).

Mis consultas recientes jamás han comenzado a la hora acordada, ¿de qué me sirve tener una cita?, absolutamente de nada. Si me citan a las 6, soy atendido 40 minutos después, a veces hasta una hora en el peor de los casos.

Los instrumentos de tortura que utilizan los dentistas siempre hacen que un escalofrio me recorra el cuerpo, aunque he de confesar que han mejorado y ya no duelen como antes.

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